Creación y creadores.
Ha llegado el tiempo de amanecer. Que se termine la obra, dijeron los dioses. Sus voces relampaguearon entre las montañas, se unieron a las corrientes de agua, bajaron por los bejucos y saltaron con los venados. Las Palabras que habían ordenado al mundo existir, ahora son el mundo mismo.
Los dioses observaron a los primeros hombres creados despertar en una hermosa tierra llena de deleites, abundante en cacao, insuperable en miel. Y tomando bebidas de maíz, la carne de los primeros hombres cobró fuerza y su espíritu vigor. Hombres que hablaban, oían, conversaba, eran buenos y hermosos.
Los dioses observaron y conversaron
—-Tienen mucha inteligencia, ya han alcanzado a conocer cuanto hay en el mundo.
—-Cuando miran, al instante ven a su alrededor y contemplan en torno a ellos la bóveda del cielo y la faz redonda de la tierra.
—-Ven todas las cosas ocultas, su vista llega a los bosques, las rocas, los lagos y los mares.
—-Son sabios, sí, pero aún no nos alaban, sus oraciones aún no alimentan nuestra inmortalidad.
—-no está bien lo que saben las criaturas, nuestra obras, todo lo saben, lo grande y lo pequeño
—-¿qué haremos ahora con ellos?
—¡Qué su vista solo alcance lo que esta cerca, qué solo vean un poco de la faz de la tierra!
—-Que nos alaben! que digan ‘Damos gracias, pues, por habernos creado ¡oh Creador y Formador! por habernos dado el ser.’
—-refrenemos un poco sus deseos
—-cambiemos la naturaleza de sus criaturas.
Y después de mucho hablar, los dioses encargaron al Corazón del Cielo echar un vaho sobre los ojos para empañarlos como cuando se sopla sobre un espejo. Resolvieron velar sus ojos para que observaran sólo lo que estaba cerca, que pocas cosas fueran claras, que no tuvieran otro remedio que clamar al cielo pidiendo ayuda cada vez que no supieran que hacer, cada vez que el mundo fuera muy pesado para ellos.
El Corazón del Cielo hizo su tarea y aún así los hombres no clamaron a los dioses. El mundo aún no era más fuerte que ellos mismos. Lo creado tomaba vida propia superando a su creador.
Los hombres se dedicaron a conocer cosas sublimes; la salida del sol, la llegada de la aurora, el lucero del alba, la estrella precursora del sol, que alumbra la superficie de la tierra, e ilumina los pasos de los hombres creados y formados. Se dedicaron a recorrer montañas, observar el cielo, construir aldeas, a buscar por dónde sale el sol, a conversar con hombres de otras razas, aprender nuevas lenguas y enseñar ésto a a sus hijos y los dioses nada puedieron hacer para impedirlo.
Lo creado tomaba vida propia superando a su creador.
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Basado en el Libro del Consejo Quiché, Popol Vuh
(Fuente: Sara Gaviria Pidrahíta)