MONTAÑA RUSA
Hola. Hace tiempo lo escribo. Agradezco por los e-mail y comentarios reclamándome la ausencia. Me disculpo.
Sucede que últimamente me es más difícil bordar palabras, que las citas, los registros sonoros y las imágenes se vuelven insuficientes ante tanta vida latiendo en los rincones. Las metáforas asistentes al día a día son tantas que apenas puedo sospecharlas.
Una “esperanza demencial” anda merodeando y no es mi culpa, es una especie de enfermedad que ojalá pase algún sábado lluvioso cercano. Resulta que nada puedo decir por estos días ante el relato del tacto, los pasos sobre polvo, el sonido del río Otún, ante la montaña, las arrugas de los gestos, ante charcos que salpican tiempo a los transeúntes, ante estos días tan insoportablemente humanos.
Y entonces compartir una arepa de choclo con algunos compañeros me hace sonreír abrumada, disfruto saber que viven, que ríen y que comen. Que hay personas compartiendo conmigo en el mismo fragmento de espacio, en el mismo chorro de tiempo y que esa arepa de choclo es una coincidencia única y maravillosa. Ante tal evento pienso en escribir porque no me cabe tanta grandeza. Pero claro, me distraje imaginando las historias que se tejen en la mente de alguien que cruza la calle al mismo tiempo que yo para luego desvelarme pensando en las anécdotas que pudieron estarse contando un par de amigos que vi por la ventana del bus.
Pero mejor me como el cabello para contener las ganas de ir por la calle sonriendo persona a persona, apretar la mano y decir “oye, te felicito por vivir, dicen que eso es una vaina compleja.” Pero soy muy cobarde para eso y me asusta el circo vacío de felicitaciones protocolarias.
Entonces no mato la rutina, sino que me vuelvo amiga de ella porque voy descubriendo entre los mismos pasos de todos los días nuevos latidos que la piel del otro se acerca un poco. Aunque aún no se logra apaciguar el ritmo acalorado de estos días tropicales, la montaña rusa continúa. Justo cuando me canso y pienso en bajar, me informa un tuit que el maquinista se quedó dormido en el botón que decía “velocidad”. Nada más que hacer. Abrazar al de adelante en la bajada y solo seguir.
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*No pensaba escribir hoy pero es que las madrugadas son cosa seria.
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